martes, 1 de septiembre de 2009
Hoy me enfadé con mi perro.
El caso es que no le gusta ir atado. Él no entiende que se vuelve loco cada vez que ve un gato y cruza las carreteras sin mirar. Y si no es eso, son las multas que vamos coleccionando por llevarlo suelto. Él no entiende de multas y eso, así que muerde con ahínco su correa, se revuelve y parece poseído tirando de ella las pocas veces que me veo forzado a ponérsela. Luego, aun sin quitársela, si la sueltas, él se queda quieto, tranquilo, a tu lado…
Hoy no estaba yo muy relajado porque perdí la tarde en tonterías y en nuestro paseo vespertino, para cruzar una calle, me volvió a montar el numerito de la correa. Entonces, ya a salvo de los coches, sentado en una roca de la playa de la Concha, le increpé de la peor manera, es decir, comparándolo conmigo: “- oye, estoy hasta los huevos de que protestes por la correa- le dije- apenas la llevas puesta veinte minutos… yo me la tengo que poner ocho horas diarias de lunes a viernes y me aguanto”.
Mi perro me miró, agachó sus orejas y posó su cabeza sobre mi pierna izquierda… porque él de multas y coches no sabe, pero de eso… de correas, sí que sabe.
lunes, 31 de agosto de 2009
que me sueltes pasado!!!
martes, 16 de junio de 2009
domingo, 14 de junio de 2009
De gustaciones
Me gusta levantarme por la noche de la cama con un veinte por ciento de mí despierto y el resto dormido. De ese veinte por cierto desvelado, corresponde a la vejiga el mayor porcentaje de consciencia y es la responsable de mi deambular a ciegas, tentando la costumbre, la intuición y la premura, hasta llegar al cuarto de baño. Al llegar y tropezar con la taza de porcelana – parece que cada noche se adelanta un par de pasos, o al menos tengo esa impresión – me explayo en una catarata sonora de mercurio líquido que consigue desperezar algo mis oídos, pero poco más. A los párpados no hay fuerza mayor que los separe.
Así, a tientas, continuo con la expedición por el angosto pasillo, luego a la derecha bordeando la alacena y ya, a mano derecha de nuevo, llego a la cocina. Me gusta abrir el frigorífico, accionando el automatismo de las bombillitas camufladas en algún lugar entre las verduras y el embutido. Menos mal que hice compras hace poco y todavía las baldas estas ocupadas por artísticas composiciones de naturalezas muertas comestibles. Eso amortigua el impacto luminiscente. Si no, debería haber abierto la máquina con gafas de sol o usando una mano a modo de visera. Hoy no, hoy pude coger la botella de agua sin sobresaltos. A ver dónde hay ahora un vaso, pues sigue sin apetecerme encender la luz.
No debe ser muy tarde pues el piloto rojo del lavavajillas sigue encendido. También parpadean los puntitos del reloj digital del horno. Así, en la oscuridad, parecen pupilas bañadas en sangre de acechantes alimañas. Impresionan un poco. No sería el primer humano atacado por la noche en su cocina por sus propios electrodomésticos. Enciendo un cigarrillo. El fuego, espanta a las bestias.
Al poco de saborear mi pitillo y mi vaso de agua, sentado al lado de la ventana, soy deslumbrado por una intensa claridad como si un camión me estuviera dando las largas desde el patio interior de mi edificio. Un tanto perplejo, abro la ventana para ver qué coño pasa. Oigo decir con tono airado:
- Oye, otra vez que confunda mi corazón con la taza del váter, tira al menos de la cadena
- Pero… ¿quién coño?
- Soy yo, la Luna, imbécil.
Dicho esto, la cegadora luz desapareció, volviendo las tinieblas a la cocina, aunque en mis retinas aún flotaran algunas chispas como consecuencia del impacto visual. Todavía no me había recuperado de la impresión, cuando escuché unos pasos. Era mi compañera, también desvelada al parecer, andando descalza con su cuerpo de verano.
- ¿Con quién hablabas?
- No, con nadie… bueno, con la Luna
- Ajá…¿y qué te decía?
- Nada… estaba algo cabreada… yo qué sé, tendría la regla
- Ah, vale
Cuando ella dice que vale es que vale, no hay más que hablar. Se bebió mi vaso de agua de un solo trago.
- ¿Te vas a quedar mucho más aquí? – preguntó
- No mucho… un cigarrito… ¿Por…? ¿quieres follar?
-¿Qué dices?... ¡ con este calor!
Observo a mi compañera difuminándose entre las sombras. Lleva una camiseta de tirantes blanca y enorme. La mía que no encontraba, por cierto. Así, confundiéndose en el claroscuro, me recuerda una casita andaluza con sus paredes de cal. Me pregunto si el verano de mi novia llevará puesta las bragas. Me gusta el cuerpo de mi compañera, es como una casa solariega, con sus muchos vericuetos, su patio forrado de azulejos cerámicos, su maceta de geranios negros y un pozo central sin fondo. Es un cuerpo, sin duda, para pasar el verano, haciendo turismo animal.
Sentado en mi esquina de la cocina, con la candela de mi cigarrillo como único faro en la noche, observo la cara que se les queda a las palabras cuando el silencio manda a callar. Y pienso en lo rápido que pasó este año la primavera. Llegó, hizo su trabajo y casi se marcha sin despedirse. Cada año tiene su sangre más alterada y las hormonas descontroladas. Debería plantearse, la primavera, seguir algún tipo de terapia. Sin embargo, el invierno cada vez es más largo.
Este invierno lo pasé en mi habitación de cemento bajo el mar. Hasta allí, poca gente se acerca, tan sólo me visitan, de vez en cuando, algún ángel. Me gusta hablar con los ángeles, aunque a veces no sepa qué coño dicen. Uno en especial, es muy gracioso. Se parece un poco a mí, sólo que más alto, más joven y más guapo. Siempre aparece cuando acabo de abrir una cerveza.
- Ufff… vaya humareda tienes aquí, no?!! – siempre empieza la conversación así – Ya podrías abrir una ventana para que se airee esto jejjeee… - y se ríe, el cabrón
- Venga, toma un cigarrito y te callas – yo sé que viene a echarse un pitillo sin ser visto. Él acepta y se sienta a mi lado. Le paso también una cerveza, aunque no están muy frías.
Gracias a estas visitas supe que los ángeles son extraterrestres, con domicilio en los diferentes soles que existen. Según me cuentan, este planeta Tierra fue usado hace muchos años como presidio para los ángeles condenados por algún delito doloso. Dentro de la sentencia figuraba una exigua existencia, el tener que alimentarse de otros seres vivos y, por supuesto, se quedaron sin sus alas, las cuales, fueron cortadas y con el tiempo osificadas y reconvertidas en simple costillar, sirviendo de jaula para esa fruta jugosa del pecho. Ahora, cuentan los ángeles, andan muy preocupados porque nos hemos multiplicado sin control y esto empieza a tomar carácter de metástasis. Yo qué sé… para mí que a los ángeles se les va un poco la olla.
- ¿Por qué siempre vienes aquí? – me preguntaba mi ángel contertulio
- No sé… en busca de las llaves, me imagino. ¿No escuchaste aquella canción de “ en el fondo del mar matarile rile rile…”?
- Sí, alguna vez la oí… decía que las llaves estaban el fondo del mar… pero nunca supe las llaves de qué…
Es verdad, yo tampoco recordaba si en la canción decían para qué coño eran las llaves. Pero, por decir algo, respondo: - “La llave de esta puerta” – y señalo la única puerta de la cerrada habitación. “Esa puerta no tiene llave. Esa puerta sólo se abre desde dentro”- dice él, contundente.
Y así, entre visita de ángeles, tabaco y cerveza pasé el invierno, hasta que llegaron los besos abisales de mi compañera para avisarme que la ya la primavera estaba puesta en la mesa del mundo y decidí salir a hincarle el diente. En fin, no sé por qué pienso ahora en inviernos. Es tiempo de veranos y tengo uno esperándome en la cama. Hacía allí regreso, ya despierto al noventa por cien.
Ocupo mi lado del lecho y observo movimiento al otro extremo. “Sigues despierta”, pregunto. “Ajá…” , responde ella. “Si te apetece echamos un polvo”, propongo. Ella, tras unos segundos vacilantes responde: “Bueno…vale”. Y cuando ella dice que vale es que vale y no hay más que hablar. Y eso, también me gusta
martes, 2 de junio de 2009

Foto tomada del blog de "lokilla"
http://ana-belen-90.blogspot.com/2007/11/fotos-graciosas-de-perros.html
Pues de eso quería hablar, del perro. Me mola mi puto
perro, aunque no soporto la idea esa de los animales
domésticos. Yo soy de pueblo, he tenido varios perros
en mi vida, pero eso consistía en darle de comer (las
sobras) todos los días y punto, él venía y hacía lo que
le daba la gana, con las puertas siempre abiertas. Nada
de veterinarios ni pollas en vinagre, ellos se curaban
solos y si no se les mataba lo antes posible para que
no sufriera y a mejor vida. Sin rencor...(nunca tuve
que matar a ninguno, sólo a sus crias si era perra).
Pero bueno, uno no es dueño de todas las variables,
sólo es dueño de la respuesta para con ellas (luego
intentaré pensar qué coño he querido decir con esto).El
caso es que mi compañera se iba de vacaiones a Oviedo,
de visita fmailiar y quería darle una sorpresa a su
padre regalándole un perro (que digo yo, qué putada de
sorpresa, no???). Bueno, hasta ahí, bien...cada cual
jode a su padre como quiere... pero es que parte de la
sorpresa consistía en llegar allí con el perro ya...
eso supuso pillarlo aqui. Y claro, dos días antes
llegó el perro a casa. No me importó... peores gente me
ha llevado esta chica a casa. Pero es qu el puto perro
me miró a los ojos y me dijo: "¡¿Qué?, capullo, tú que
vas de empático y todas esas mariconadas, ya te podías
enrrollar y ahorrarme el viajecito de case tres horas
en avión anestesiao hasta el culo!!!!"... yo me hice el loco y miré pa
otro lao. Sin embargo, al otro día cuando mi compañera
( que para mi que puso los mismo ojitos del perro)
anunció: ¿Y si nos lo quedamos y ya pillo otro allí en
Asturias?... pues, mierda, me quedé sin argumentos, en
el fondo de mi seguía escuchando las palabras del
perro... y es que el cabrón tenía razón, tampoco me
vendría mal ampliar mi universo plano de 14 pulgadas(aunque
espero que no se pase él poniendo "pulgadas").
Perdón... voy por una cervecita y vuelvo...
Ya...salud!
Pues eso, que llevo toda la semana entre las Leyes
Orgánicas de este sistema judicial nuestro y las leyes
orgánicas propias de mi perro. Ah... ya le he puesto
hasta nombre... se llama Kacho de nombre y Perro de
apellido. En fin... el caso es que todo el mundo ya me
ha dicho que Kacho Perro se parece ami (bueno...ya
estamos con el tópico de siempre de que los perros se
parecen a los dueños)... pero, coño, es que es
verdad...se parece a mi. Esta mañana, mientras lo veía
corretear a mi alredor lo estuve observando. De pronto,
me acordé de una peli de esas de crios que vi el año
pasado..."La Brújula Dorada"...¿la habeis visto?...
bueno, para mi tenía sólo algo de original, y es que
los personajes llevaban todos el alma por fuera... sí,
su alma era un animal que siempre iba a su lado. Le
llamaban su "Dimo", creo. Eso me gustó... pues eso, que
si yo tuviera un alma, un Dimo, pues seguro que sería
igual que este perro, seguro que tampoco acudiría a la
primera llamada de cualquiera, que saldría corriendo en
cuanto viera una perra para olerle el sexo, seguro que
mi alma le encantaría levantar su pata y mear en todas
las esquinas... bueno, por qué no???, el caso es que
allí, estábamos, mi Dimo y yo, paseando por la costa.
Él contento de ir sin correa, yo contento de poder
soltarlo sin correa... sí, porque esa es la putada.
Joder, por todos lados carteles de "Prohibidos animales
sueltos... multa de 150 a 1500 euros". Por supuesto,
me pilló un municipal y me multó el domingo pasado.
Y bien...
yo soy el primero que me jode sobremanera cada vez que me
encuentro una mierda de perro en la acera... pero,
coño... es que ya ni en la playa puedo dejar libre mi
alma..perdón, digo..mi perro, mi Dimo, lo que sea.
Y, por qué suelto este rollo??? ... pues porque
a mi éstas cosas me hacen pensar:"Coño...si en
realidad, es cierto que en muchos animales domésticos
se ve proyectada el alma de sus dueños, que éstos
cargan con el alma de sus dueños como si fueran
realmente Dimos!!!!"... y yo, no debería ahora pensar
éstas cosas porque si no mi oposición se va a la
mierda. Pero, joder, es verdad, que somos como
animales... también la sociedad prohibe a nuestras
almas salir a la calle sin el collar puesto!
viernes, 22 de mayo de 2009
ENTRE EL TIEMPO Y EL HUMO

Me gusta pararme, encender un cigarrillo y ver pasar el tiempo. Este tiempo que corre en maillot ajustable y camiseta que transpira por ti; donde abrimos ventanas al mundo y cerramos la puerta de casa; donde el olvido actúa de oficio y dos tetas tiran más que dos carreras universitarias. Este tiempo que si no corre, vuela, en clase turista, haciendo escala en nuestro propio ombligo.
El “piti” me está sentando bien. Estoy tranquilo. A mi lado un niño de apenas diez años se fuma un “Rocio” mentolado junto a sus amigos del barrio, esperando bajo una sombra a que la canícula se calme un poco, y poder jugar al fútbol, o al “marro”, o saltar la tapia del patio de “los curas” para robar cerezas, o tirarse desde la cuesta del “Castillo” con los cojinetes… o hacer lo acordado, consistente en saltar desde el tercer piso de la nueva obra que están haciendo en la “Plaza Verde” al montón de arena que hay justo debajo. Ayer llegaron a tirarse desde el segundo… hoy toca uno más. Ya algunos se “rajaron”, pero este chico que fuma concentrado, no. Él saltará hoy… seguro. A su lado, un adolescente, enciende un “Winston” americano, robado a un yanqui borracho de la base de Morón, a la vez que hace autostop en dirección al norte.
Mi cigarro se consume y el tiempo sigue corriendo, como un ladrón perseguido por una marabunta gritando: “Al ladrón, al ladrón…”. Yo no me muevo del sitio. No me apetece correr ahora. Estoy muy bien, con mi cigarrito, disfrutando de la compañía. Al adolescente que huyó buscando su norte, ya le crecieron los pelos y los huesos. Fuma un “Celtas” sin filtro mientras va separando una montaña de alubias rojas, las buenas de las malas, una a una, en Illescas (Toledo),o mientras dibuja arcoiris vespertinos a la hora de regar las huertas de una comuna en Orense, poniendo un dedo en la boca de la manguera y enfocando arriba, hacía el sol. También a mi lado, unos años más allá, fumando “Ducados”, ese joven perdido en el fondo de una botella de cerveza, busca y rebusca, acaso un mensaje, el mapa de un tesoro, una dirección o un número de teléfono. Pero, por más que busca, itinerante de botella en botella, de cristal o de carne, en el fondo, sólo encuentra la fecha de envasado o de caducidad.
Debería dejar de fumar. Lo sé. Mis dedos amarillos parecen hojas muertas de otoño. Tengo dentro alquitrán suficiente como para asfaltar toda mi memoria. Ya no me acuerdo cuando cambié al “rubio”. ¡Ah, sí… fue en Londres!. Ya lo veo, entre el humo de un “Mayfair” y el vapor de la máquina friegaplatos en aquella pizzería de Knightsbridge. Al terminar mi jornada en aquella cocina, por mucho que me frotara, salía con tanta grasa adherida que mis manos brillaban más que los deslumbrantes escaparates de “Harrods”. ¡Pero qué bien sabían aquellos pitillos entonces…!.
Bueno… menos aquel. Un domingo soleado en Hyde Park, intentando pillar al vuelo alguna palabra de las que, con generosidad, derrochaba un “Speaker´s corner” sobre una escalera de tijera, mientras una compañera de la pizzería, natural de Bilbao y domicilio habitual en la inopia, insistía en mi oído derecho sobre las bondades inherentes de la belleza interior. Algo ofuscado, quizás porque aquel cigarrillo me rascaba sobremanera la tráquea, atajé la conversación enunciando: “La belleza interior es un tema propio de feos o en última instancia de un médico forense”. El caso es que a partir de aquel cigarro, desaparecieron los encontronazos casuales en el “basement”, entre las estanterías con latas de champiñones y las bolsas de cebollas. Lo lamenté mucho, porque por aquella época era de lo más nutritivo que me echaba a la boca. No volví a verla más, hasta ahora. También está aquí, con su cigarrillo aromático de liar, observándome aún con rencor.
Ya llego al filtro. Aspiro la acritud de las últimas caladas. No dejan de acudir gente. También ha llegado aquella divorciada poeta que conocí en una tertulia literaria. Una vez me escribió un soneto donde, a su modo, me decía que sólo quería entregarme su corazón. A mi vez, y a mi modo, le contesté que podía coger su corazón y metérselo por el coño. Ella no pilló la metáfora y yo perdí el interés por la poesía. ¡Es qué van a venir todos!... joder, mi cabeza parece una maldita “smoking room”.
Afuera con la colilla, a la calle. Me va a pillar el tiempo. En eso, el tiempo, parece casi humano, si no corres tras él, es él quien te busca. Ese tonto juego del escondite donde sabes que tarde o temprano te encontrará, pero disfrutas mientras tanto de tu escondrijo. En fin, vuelvo a mi trabajo dónde por ley no se debería fumar. Y de paso, vuelvo a la Vida, donde por ley, no se debería tratar de recordar.
miércoles, 6 de mayo de 2009
mayor no... sólo mayo
El último abrazo fue como abrir la puerta de un frigorífico. Estabas “como ausente”, pero eso no me inspiró ningún poema. Me gusta que estés cuando te abrazo. Me gusta rodear con mis brazos y apretar contra mi pecho algo más que una sombra mojada.
¡Qué triste es sentir un cuerpo como una comida fría, como un acuario sin peces, una ducha sin agua caliente, una cerveza sin gas…!. ¡Qué triste son los ojos cuando al mirarlos te sientes como en un vagón vacío del metro, como hallar tus ventanas con las cortinas cerradas, observar un eclipse en cada uno de tus iris, mirar tus ojos y sólo ver dos maletas de viaje preparadas a las puertas de tu cara!.
No voy a facilitar tu huida pero tampoco entorpeceré tu vuelo. Porque el amor es un ave migratoria. Y porque prefiero un nido vacío que un nicho lleno.
En mi auxilio llegó el Correo. Por fin el pedido del Círculo de Lectores. De nuevo las letras acuden en mi ayuda. Abro el primero de los libros, me encuentro con sus surcos rectos, interlineados, plantados con sus semillas impresas y según correteo entre sus líneas vuelvo a sentirme como aquel niño corriendo entre filas de viñedos y cada palabra es un racimo de uvas negras. Cormac McCarthy arando a golpes secos de azada, Bernardo Artxaga metiendo cada semilla con la punta de su dedo, Stieg Larrson con su maquinaria sueca, Menéndez “Flowers” sembrando la biografía de Sabina a voleo… al final, un libro más, otro cultivo de pecados. Pero ellos me ayudan a no sentirme como uno más de “Los renglones torcidos de Dios”. Ellos me recuerdan que no estoy tan mayor… sólo que llegué a mayo.
Y en mayo no debería haber cortes en el suministro de la luz. Yo, que llevo mis recibos al día, ¡reclamo mi sol de bajo consumo! ¡por favor, qué alguien le pase al sol su dosis de metadona, lo necesito rehabilitado de tanta nieve, tanto invierno, tanta puta llamada Soledad, tanta tontería!... y que cumpla con su trabajo, que encienda mayo con sus flores, que caliente la calavera del planeta.
Quizás, algún día de estos, también a mis ojos se les caigan sus pétalos de cristal líquido, pero por ahora no pienso abortar la primavera. Seguiré regando mi buganvilla aunque se le haya quedado pequeña la maceta, aunque tenga que levantar el suelo de mi patio trasero y con pico y pala romper el maldito hormigón armado de tristeza. Seguiré fregando los cacharros, la vajilla, aunque todos los platos estén ya rotos. Y seguiré fumando. También. Porque mala yerba nunca muere, aunque mate.
Ya sabes, si te vas, déjame la puerta abierta, porque puede ser que la noche me haya perdido las llaves, puede ser que nuestras calles se hayan perdido en esta ciudad sin salida y puede ser que hasta la luna se haya fundido… pero es mayo, y en mayo, mi corazón – por cierto bastante vago- no piensa en hacer testamento.
http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=2539741
¡Qué triste es sentir un cuerpo como una comida fría, como un acuario sin peces, una ducha sin agua caliente, una cerveza sin gas…!. ¡Qué triste son los ojos cuando al mirarlos te sientes como en un vagón vacío del metro, como hallar tus ventanas con las cortinas cerradas, observar un eclipse en cada uno de tus iris, mirar tus ojos y sólo ver dos maletas de viaje preparadas a las puertas de tu cara!.
No voy a facilitar tu huida pero tampoco entorpeceré tu vuelo. Porque el amor es un ave migratoria. Y porque prefiero un nido vacío que un nicho lleno.
En mi auxilio llegó el Correo. Por fin el pedido del Círculo de Lectores. De nuevo las letras acuden en mi ayuda. Abro el primero de los libros, me encuentro con sus surcos rectos, interlineados, plantados con sus semillas impresas y según correteo entre sus líneas vuelvo a sentirme como aquel niño corriendo entre filas de viñedos y cada palabra es un racimo de uvas negras. Cormac McCarthy arando a golpes secos de azada, Bernardo Artxaga metiendo cada semilla con la punta de su dedo, Stieg Larrson con su maquinaria sueca, Menéndez “Flowers” sembrando la biografía de Sabina a voleo… al final, un libro más, otro cultivo de pecados. Pero ellos me ayudan a no sentirme como uno más de “Los renglones torcidos de Dios”. Ellos me recuerdan que no estoy tan mayor… sólo que llegué a mayo.
Y en mayo no debería haber cortes en el suministro de la luz. Yo, que llevo mis recibos al día, ¡reclamo mi sol de bajo consumo! ¡por favor, qué alguien le pase al sol su dosis de metadona, lo necesito rehabilitado de tanta nieve, tanto invierno, tanta puta llamada Soledad, tanta tontería!... y que cumpla con su trabajo, que encienda mayo con sus flores, que caliente la calavera del planeta.
Quizás, algún día de estos, también a mis ojos se les caigan sus pétalos de cristal líquido, pero por ahora no pienso abortar la primavera. Seguiré regando mi buganvilla aunque se le haya quedado pequeña la maceta, aunque tenga que levantar el suelo de mi patio trasero y con pico y pala romper el maldito hormigón armado de tristeza. Seguiré fregando los cacharros, la vajilla, aunque todos los platos estén ya rotos. Y seguiré fumando. También. Porque mala yerba nunca muere, aunque mate.
Ya sabes, si te vas, déjame la puerta abierta, porque puede ser que la noche me haya perdido las llaves, puede ser que nuestras calles se hayan perdido en esta ciudad sin salida y puede ser que hasta la luna se haya fundido… pero es mayo, y en mayo, mi corazón – por cierto bastante vago- no piensa en hacer testamento.
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